Por una ecología de mercado
«Los cerdos se lavan con lodo, las aves de corral con polvo o ceniza.»
Heráclito
Luego de la caída de la URSS materializada con la caída del muro de Berlín, el marxismo contemporáneo viene operando en la agenda pública refugiándose en temas sensibles como coartada para imponer su plan. Uno de los rótulos predilectos para llevar a cabo su eugenesia depuradora es el ecologismo interpretado como fuente de salvación frente al capitalismo maléfico de libre empresa. Bajo esta perspectiva, libre mercado y medio ambiente son vistos como antónimos en una ecuación reflejada en términos irreductibles, esto es, una lógica del todo o nada, tal como si fuese una rémora de la lucha de clases: lo que va a la clase alta es en detrimento de la baja y viceversa.
Vale la pena recoger las reflexiones de un intelectual y político liberal como Armando Ribas, con el objeto de dilucidar los motores argumentativos bajo los que se esconde el marxismo contemporáneo:
El marxismo vive a través de la "social democracia", de la ecología y de los intelectuales que no se han visto en la necesidad de vivir bajo el comunismo. Lamentablemente, la mayor amenaza al bienestar de la sociedad moderna proviene precisamente de la ética y la razón. (1997:42)
No deja de ser paradojal que la opinión pública que ha ocupado un lugar tan relevante para derrocar el ancient regime medieval—como notablemente lo ha expuesto Hannah Arendt en La condición humana— sea hoy la estandarte de un conservadurismo velado que actúa bajo la máscara de un "progresismo" impostado. Cabe aclarar, que tanto la ética como la razón señalados en la cita son interpretados como conceptos absolutos, in strictu sense kantianos, buscan eliminar todo rastro emocional en la elaboración de un juicio —algo imposible como veremos—. Sobre este presupuesto descansa parte de la ciencia (no la verdadera) declamada por lo general en medios de comunicación tradicionales, siendo propagandistas con frecuencia de barrabasadas proféticas incomprobables.
En definitiva, el marxismo contemporáneo (y sus móviles) lo que busca es regular de mínima (o eliminar de máxima) el egoísmo del capitalismo de libre empresa esmerilando sus pilares que son el derecho de propiedad y la libertad de asociación entre partes, a los fines de suplantarlos por una razón inamovible dialécticamente y con autoridades permanentes con jurisdicción exclusiva sobre el tema:
Frente a la problemática de la defensa del medio ambiente, el Estado se invistió nuevamente de su carácter de inteligencia que se sabe y se piensa a sí misma [...]
La ecología permite entonces olvidar a Marx mientras se afianzan sus postulados en el supuesto de que la razón, privada de los desvíos de las pasiones, podrá satisfacer los intereses generales y defender el medio ambiente. Se vuelven a olvidar los principios en que se basó la progreso humano: la aceptación de la falencia ética y racional del hombre. Ni la voluntad de bien determina por sí alcanzar un resultado positivo, ni la razón que nos permite detectar un problema nos informa inmediatamente de su solución. Si se ignora esto, la ética y la razón se convierten en los elementos determinantes para conceder la suma del poder a los burócratas. (Íbid: 43)
En consonancia Ribas nos enfatiza en no asociar bajo esquemas mentales rígidos a la pasión como algo negativo y la razón como lo positivo:
Nosotros tenemos idea de que la pasión es mala per se y que la razón es buena lo cual nos ha llevado tradicionalmente a un gran equívoco pues no es lo uno ni lo otro: cuando se pretende ignorar las pasiones se crean estructuras a partir de ideas abstractas. (Íbid: 7)
Por su parte, el biólogo Eduardo Wolovelsky en Obediencia imposible: la trampa de la autoridad nos alumbra aún más sobre esta cuestión de cómo un juicio elaborado con buena voluntad no basta para un diagnóstico acertado sobre una problemática:
Muchos buenos cristianos juzgaron que la peste negra era la sanción por los pecados cometidos, tal como sucede hoy con los buenistas del pensamiento correcto respecto de la problemática ambiental, con las diferencias que hoy nos enorgullecemos de basar nuestas decisiones en el saber y la razón. (2020:116)
Digamos que con Kant, las acciones del poder político pasaron de un fundamento teológico a uno no teológico aunque siempre vinculado a un deber ser que se encarga de defender la volonté générale —una razón encarnada por especialistas que proliferan en todo aparato comunicacional o partido político—; ésta es la consecuencia del idealismo kantiano: el paso de una teología divina a una teología política sustentada en buenas intenciones. Después de todo, no ha sido casual, por ejemplo, que durante el confinamiento por covid-19 saliera más de un trasnochado con la creencia del "poder pedagógico" de un virus como si fuera un justiciero encargado de aplicar un presunto correctivo a los avaros del capital, o, lo que en este caso sería una catástrofe natural (una inundación o incendio forestal); da igual, todo imputable al neoliberalismo.
Las "catástrofes" naturales son, en buena medida también, una construcción subjetiva del hombre a partir de sus percepciones. Al respecto de este homo-centrismo, conviene tener presente la reflexión de Wolovelsky para tener una sucinta idea panorámica de la evolución biológica del planeta que habitamos:
Charles Darwin nos legó una idea fundamental para comprender la historia de la vida en la Tierra y reflexionar sobre nuestra existencia. Por su obra, sabemos que las formas vivas no han permanecido estáticas en el tiempo, cambiando de modos distintos y a velocidades muy disímiles; tanto que algunas perduran por cientos de millones de años con apenas algunas modificaciones. Pero lo más significativo es que este desarrollo marcado por la supervivencia y la extinción no está signado por ninguna finalidad ni por el más sutil y evanescente sentido. No es una línea de progreso, no conlleva un aumento de la complejidad, no implica un incremento de la diversidad ni de la eficacia. Los testimonios pasados de la vida en la Tierra indican que el proceso evolutivo no se dirige a ningún punto en particular. De hecho, los seres humanos somos un accidente de una azarosa historia. Por mucho que con el género Homo haya emergido una propiedad que podemos llamar conciencia, al menos en un grado único en el mundo animal, ello no significa superioridad alguna, ni orientación ni dirección o tendencia en el devenir de la vida sobre el planeta. Esta es la gran revolución intelectual que es difícil de aprehender y comprender, porque nos desespera la concepción de un universo sin sentido alguno. Por esa razón, frente al terror del vacío, se piensa el mundo de manera animista (ïbid:219-220)
Un aporte importante para contrabalancear la narrativa imperante pro-intervención en la materia es el libro Ecología de mercado (1995), donde con ejemplos concretos relacionados al caso chileno entre 1975 y 1990 , los autores Luis Larraín et. al. dan cuenta de cómo la libre empresa logra procesos más eficientes; no sólo en la producción sino en el saneamiento del medio ambiente que las empresas administradas por el Estado. Con todo, el sector privado se mueve por el lucro, la rentabilidad, la percepción de escasez de los recursos y la tecnología de innovación. En vista de ello desmenuzaremos en profundidad la dinámica en un entorno cuyo respeto del derecho a la propiedad y su correlato, la responsabilidad, constituyen la piedra angular para lograr el objetivo de un medio ambiente más sano.
Los autores comienzan haciendo una pertinente valoración al hecho de que la preocupación por el medio ambiente tiene una relación con una mejora en la calidad de vida en cuanto a las necesidades básicas. Y es natural, que a medida que experimentamos un ascenso cualitativo en cualquier orden de la vida, ansiemos una expansión de nuestra conciencia sobre lo que nos circunda.
En las últimas décadas y con la aceleración del proceso de la globalización empezó a moverse una demanda mayor de la ecología como agenda global por un lado, y, por el otro, de la ecología como excusa para el intervencionismo estatal. Sobre este último punto, tenemos:
Esta nueva modalidad del ya tan antiguo proteccionismo toma dos formas distintas: restricciones indirectas mediante la exigencia de estrictas normas de calidad a los distintos productos transados, y restricciones directas a los países que son acusados de no proteger el medio ambiente. (1995:11)
Los ecologistas denuncian la incompatibilidad entre desarrollo económico y medio ambiente sustentable, como si las medidas que se ponen en juego desde el Estado fueran siempre como un juego de suma cero; por citar un caso, muchas acciones particulares tienen efectos dispares a múltiples niveles:
Por ejemplo, las necesidades energéticas de las poblaciones rurales o urbano-marginales han llevado a un uso creciente y descontrolado de leña, causando problemas locales de deforestación: así, el mejoramiento de un componente de la calidad de vida puede provocar el deterioro de otro. (1995:12)
En resumidas cuentas y en vistas de un medioambiente sano: así como se debe incorporar la cuestión ambiental en la toma decisiones a nivel gerencial-empresarial tampoco se debe caer en el absurdo buenista de contaminación cero para actividades productivas, ya que en ese caso se debería prohibir circular con automóvil o la calefacción domiciliaria.
A continuación se expondrán ejemplos exitosos de coexistencia entre libertad de acción empresarial y medio ambiente considerando el caso chileno (1975-1990).
Sector energía
En Chile, a partir de mediados de la década de los 70, se comenzó a aplicar una política energética más liberal, eliminándose distorsiones provenientes de diversos subsidios y fijaciones arbitrarias de precios [...] Con ello, el consumidor logró tener en sus manos la decisión de qué, cómo y cuánto consumir de cada energético, basando esta decisión en los verdaderos costos de cada uno.(1995:21)
En otras palabras, si el consumidor gasta lo justo y necesario a partir de un cálculo racional referenciado en un sistema de precios, esto deriva en ahorro energético y menor contaminación, erigiéndose en una política ambiental eficiente sin pronunciarse como tal.
Sector transporte terrestre
Sobre la importación y renovación del parque automotor tenemos como resultado de las políticas liberalizadoras de 1975 a 1991 los siguientes resultados:
En el sector transporte terrestre también se manifiesta en forma clara un aumento significativo en la eficiencia energética, producto de la incorporación al país de vehículos con tecnologías más eficientes y menos contaminantes. Si en 1975 se consumían 100 unidades de energéticos por vehículo del parque nacional, en el año 1992 este índice descendió a 43.(1995:25)
Sector de salmonicultura
Algunos de sus efectos negativos son: enriquecimiento y eutrofización (exceso de ciertos nutrientes en el agua), depósito de residuos orgánicos del cultivo, interacción entre cultivos y especies silvestres (escape de especímenes), transferencia e introducción de especies (pudiendo ser reservorio de enfermedades y alteración de ecosistema) y compuestos bioactivos (permanencia de antibióticos en el agua).
Con todo, empresarios del sector han elaborado estudios para mensurar la incidencia de cada uno de estos factores señalados llegando los autores a la siguiente conclusión:
estudios han demostrado que la contaminación de origen humana, proveniente de la descarga de residuos de poblaciones ribereñas, tiene mucho mayor incidencia que la que puede atribuirse a la industria del salmón. Ello no es extraño, ya que los habitantes de los pueblos ribereños no perciben directamente el costo de contaminar las aguas, lo que no ocurre con los empresarios salmoneros. (1995:52)
En suma, los salmones necesitan de un agua de calidad para habitar, y quienes pueden velar verdaderamente por la calidad son los mismos empresarios que con sus incentivos orientados al rédito son los que promueven el cuidado del recurso acuífero.
El ciclo de la basura
Como base de análisis es importante considerar que los grandes depósitos a cielo abierto, por lo general se alojan lejos de la inmensa mayoría de viviendas, por lo que el ciudadano no percibe los efectos de su contaminación generada en el ámbito hogareño. En cuanto a los residuos industriales, cabe destacar que el reciclaje de diversos componentes en el proceso productivo como el papel, el cartón, los plásticos y el vidrio tienen un potencial de lucro para las mismas empresas que lo producen:
Existen muchos casos en que una empresa en particular genera desechos que, a su vez, son materias primas para otro tipo de actividades. En esta situación se encuentran las empresas forestales y los aserraderos, generadores de miles de toneladas de aserrín, cortezas, despuntes y otros desechos de madera, los que se acumulan en cantidades apreciables, siendo su disposición un problema nada trivial. (1995:58)
Un ejemplo interesante de libre asociación entre empresas del mismo sector se presenta en Ecología de mercado de la siguiente manera: la empresa Chilgener en conjunto con Celco y Copihue tomaron la iniciativa de crear una central térmica de 8Mw de potencia con el fin de aprovechar los desechos de madera y producir electricidad y vapor saturado —para secado de madera—.
De este modo, no quedan dudas que cuando el derecho de propiedad y de asociación entre privados propiciado por reglas institucionales claras y cuando no sean en esencia intervencionistas, se termina facilitando la asociación entre los sectores productivos especializados, redundando al cabo del proceso en más recursos y menos contaminación.
Sector forestal y agrícola
Aquí los autores destacan que surgen dos problemas típicos del sector: la explotación del bosque nativo y la erosión de las tierras agrícolas. En cuanto al primer punto tenemos:
El bosque nativo ha ocupado múltiples titulares en los últimos años, en gran parte por temores respecto a su destrucción alentados por grupos ecologistas que se inspiran en la situación de los bosques tropicales. Tanto las actividades de plantación de pinos, eucaliptus y otras especies exóticas, como la explotación del bosque nativo propiamente tal para la producción de madera o astillas, han sido acusadas de llevar a la desaparición y destrucción de los bosques nativos en el país. (1995:64)
Acerca de la denuncia de la explotación del bosque nativo, los autores responden:
En el caso de plantaciones de especies exóticas, los datos aportados indican que éstas no han desplazado a especies nativas, sino en su gran mayoría se han plantado en terrenos sin cubierta forestal, contribuyendo de hecho a solucionar el otro gran problema mencionado: la erosión.
En el caso de la explotación de los recursos forestales autóctonos, los antecedentes recopilados llevan a concluir que el aprovechamiento racional de estos recursos no sólo no pone en peligro la supervivencia de estos bosques, sino que conduce a la existencia de una masa boscosa más sana, con mayores tasas de crecimiento, y con una valorización mucho mayor por parte de sus propietarios, lo que en último término es lo que asegura su supervivencia en el largo plazo.(1995:64-65)
Asimismo, debe agregarse que la inmovilidad de los factores productivos en el asunto de los bosques puede conducir a una destrucción gradual por agentes naturales y antropogénicos—éstos últimos creados por el hombre, como la contaminación de diversos tipos o accidentes—.
Sobre la erosión de tierras agrícolas comentan:
En cuanto a la erosión, debe tenerse presente la sinergia que existe entre la solución al problema forestal y la conservación del suelo. En efecto, la actividad de forestación del sector privado ha sido “la” gran solución a la degradación de los suelos en las regiones VII a IX, que eran precisamente las más afectadas por procesos erosivos.(1995:66)
[...]
A estas alturas, conviene recordar que, en la práctica, las plantaciones forestales son llevadas a cabo en el país por empresas forestales y propietarios de predios agrícolas privados. Sus motivaciones básicas para realizar esta actividad son netamente comerciales, pues las plantaciones forestales son un buen negocio. También es rentable comprar terrenos erosionados y transformarlos en bosques productivos. Los efectos derivados de este control de erosión, tales como el incremento y mejoramiento de los cursos de agua y la disminución de los embancamientos no son internalizados por los propietarios forestales, aunque constituyen un beneficio neto para la sociedad. (1995:71)
Prosiguiendo el hilo argumental, en este apartado es central destacar la ventaja que tienen los bosques nuevos por sobre los que son añejos:
Mientras un árbol está en proceso de crecimiento, su ritmo de acumulación de carbohidratos mediante la fotosíntesis es mayor que el ritmo con que los metaboliza a través de la respiración. De esta manera, un árbol en pleno crecimiento actúa como un eficiente administrador de gases: absorbe dióxido de carbono, y después libera oxígeno a la atmósfera terrestre, dejando el carbono capturado en la madera.
Cuando el árbol se acerca a su madurez, y disminuye su ritmo de crecimiento, su consumo de dióxido de carbono se iguala a su producción de este compuesto. Esto, que ocurre a nivel de un árbol individual, es extrapolable a todo un bosque. Un bosque nuevo captura dióxido de carbono (CO,) mientras que un bosque maduro mantendrá un equilibrio, y el CO, capturado por los árboles jóvenes estará contrarrestado por el que liberan los troncos en descomposición, mientras los árboles maduros mantienen equilibrios individuales.
Por lo tanto, ecológicamente tiene sentido el talar árboles maduros y permitir que sus reemplazantes crezcan, sea por regeneración natural o por plantación.(1995:72)
Esto tiene mucho que ver con el proceso de fotosíntesis de las plantas, que resultan de la interacción del dióxido de carbono presente en la atmósfera, que, al igual que el agua y la tierra en conjunción con la luz solar forman los carbohidratos necesarios, cuya función es servir a las necesidades de nutrientes y crecimiento:
Mientras el árbol está creciendo el carbohidrato se acumula a una velocidad mayor que aquella a la cual está siendo metabolizado. Un árbol en crecimiento es, por lo tanto, muy eficiente como depósito de carbono, extrayendo CO, de la atmósfera y generando oxígeno.(1995:74)
Comentado lo anterior, vale la pena aclarar que no se puede negar que existen casos de sobre-explotación:
Es innegable que se han producido situaciones de explotación a tala rasa, especialmente en terrenos de pequeños propietarios, los que, por desconocimiento o sencillamente por sufrir condiciones de pobreza, están dispuestos a vender sus bosques a cambio de una suma al contado. Estas situaciones no desvirtúan el argumento original: que la explotación del bosque es conveniente, tanto desde el punto de vista ambiental como económico. La peor solución sería prohibir la explotación del bosque nativo, no sólo por los argumentos antes presentados, sino sobre todo porque se desvalorizarían completamente los bosques privados, valorizando, por el contrario, la ausencia del recurso. Se introduciría, así, un incentivo perverso a la destrucción —incluida la “accidental”— del bosque con el objetivo de usar la tierra para otros fines.(1995:74-75)
Cabe afirmar que en este aspecto, el mercado se auto-regula mediante el esquema de incentivos de costos-beneficio, variable fundamental no contemplada por idealistas que razonan en términos absolutos, de blanco o negro sin matices:
el argumento ecologista de la imposibilidad de explotar el bosque nativo dada la lenta tasa de crecimiento de éste no tiene ninguna sustentación. Un bosque explotado racionalmente tiene una tasa de crecimiento superior a un bosque nativo inviolado, dadas las ventajas propias de un adecuado manejo.(1995:75)
En otras palabras, mientras mayor es la escasez de un bien, en un sistema jurídico orientado al respeto de la propiedad privada los precios transmiten señales, por las cuales la apreciación o depreciación del bien dependerá de la disponibilidad del mismo. Esto tiene que ver no sólo con que es la única manera de congeniar al máximo posible la idea de un medio ambiente sustentable en el tiempo, sino con la posibilidad latente de que las inversiones promuevan la expansión de las tierras.
La amenaza del fuego
Cuatro son los perjuicios al medio ambiente en un incendio forestal:
Pérdida de patrimonio maderero
Destrucción de fauna y flora silvestre
Contaminación por humo
Emisiones masivas de CO₂
Sobre la dinámica de los incendios es importante considerar:
Los incendios forestales de magnitud no son factibles de apagar. En el mejor de los casos se puede controlar su propagación, pero son en verdad los fenómenos meteorológicos, como la lluvia y la ausencia de vientos, los que logran su extinción natural. Por lo tanto, la probabilidad de éxito en el combate de incendios forestales depende casi exclusivamente de la rapidez con que se detecte el foco original del fuego.(1995:76)
Por lo tanto, la mejor forma de aplacarlo es detectar con celeridad por medio de un sistema de vigilancia permanente con torres de observación y vigilancia de tipo aérea, con aviones y helicópteros. Si eventualmente se detecta un foco de incendio, se debe solicitar el arribo de bomberos forestales.
Ahora bien, atendiendo al caso chileno ¿Quién preserva y cuenta con mayor dotación de recursos para combatir incendios, el sector público o el privado? Veamos el siguiente cuadro :
*CONAF: Corporación Nacional Forestal de Chile, (hoy SERNAFOR; Servicio Nacional Forestal)
Aunque vigilan superficies similares, la desproporción de recursos es evidente: los propietarios privados dedican muchos más recursos a cuidar su patrimonio forestal que el Estado.
La conclusión de este ejemplo es simple. Si partimos de la premisa de maximización de beneficios, es factible suponer que el propietario privado, que valora su recurso forestal en función del negocio potencial que tiene, tratará de operar con el costo más razonable para así obtener el mejor margen posible. En consecuencia, lo más probable es que opere con las inversiones, el personal y los gastos generales mínimos necesarios para lograr el objetivo de prevenir los incendios. Así, la conclusión obvia es que el privado valora más su recurso forestal que el Estado.(1995:77)
Para cerrar la nota, una últimas consideraciones no menos importantes sobre la naturaleza y alcance del derecho de propiedad (diferenciando propiedad en tanto principio de uso y disposición) en lo tocante al medioambiente que nos remite inexorablemente a la cuestión del desarrollo económico y al coste social:
Derechos de propiedad pueden ser el derecho a utilizar un bien, o apropiarse de la renta obtenida con su explotación, a cambiar su forma, o a transferirlo. Un derecho de propiedad también puede ser el de perjudicar a otra persona con su actuación. Hay que tener muy presente en este sentido la naturaleza recíproca del problema que pueden plantear los derechos de propiedad, ya que si bien una persona puede tener derecho a perjudicar a otra, ésta puede tener derecho a la acción negatoria, a que no se le cause un determinado daño.(2001:16)
Asimismo, incrementado el derecho de propiedad para hacer uso y disposición de un bien o recurso por agentes privados, como contrapartida el empresario debe asumir una responsabilidad mayor concordante con el estado de situación:
En una actividad productiva, el empresario deberá adicionar a sus costes de actividad aquéllos en los que incurriría para evitar los daños, la posibilidad de reducirlos —o eventualmente de eliminarlos—, o bien para compensar al perjudicado como consecuencia de su actividad. Surge, a continuación, la pregunta: ¿hasta dónde estaría dispuesto a soportar costes? La respuesta sería: siempre que el valor adicional de su producción compensara a los costes en que se incurre adicionalmente, incluyendo en los mismos las indemnizaciones a los afectados por su actividad perjudicial.(2001:22)
Un ejemplo que nos permitiría demostrar lo señalado previamente es el de una fábrica de cemento que realiza una actividad altamente contaminante en un pueblo de pocos habitantes:
Un primer planteamiento a realizar es situar la responsabilidad —y la correspondiente solución— en la empresa con las siguientes alternativas: responsabilidad de la fábrica por todos los daños causados (indemnizar los perjuicios provocados), exigir por la Administración un impuesto ecológico equivalente a los daños causados, o trasladar la fábrica a otra zona donde se causen menos perjuicios. (2001:25)
La alternativa de la indemnización es más proclive en un sistema jurídico orientado al laissez, faire, en cambio, si se considera un impuesto es más propio de un sistema jurídico orientado al Estado de bienestar, con el problema de que tenderá a subir con el tiempo y sin considerar las diferencias de casos ni tamaño de la empresa. Pero tampoco nos engañemos, porque posiblemente no hay mayor coste social para un pueblo donde escasea el empleo que la empresa cierre, por lo que es necesario delimitar y negociar entre partes una forma de solución. Al respecto sobre la tercer alternativa de mudar la fábrica:
Otra de las soluciones posibles, dependiendo de quien ostente los derechos, podría ser la anteriormente comentada de cambiar la ubicación de la fábrica. ¿Debería la empresa cargar con los costes de instalarse en una nueva zona, e incluso sufragar los gastos de desplazamiento de los trabajadores a la localidad?, o ¿deberían los ciudadanos correr con los mencionados gastos?. Con indemnizaciones, o instalación de tecnologías que palien el problema se produce una internalización de los efectos externos que provoca esta actividad económica.(2001:26)
Así, queda claro que el rol del Estado es asignar los límites de un derecho de propiedad que será el punto de partida para que las empresas privadas con su esquema de incentivos basados en el costo-beneficio, saquen rédito de cada recurso de la manera más eficiente y racional a través del cálculo. También, y eventualmente ante nuevas situaciones no experimentadas previamente y cuando las partes no lleguen a un acuerdo sobre costos y alcances de las externalidades negativas, podría corresponder al Estado hacer de árbitro sobre disputas para redefinir los contratos de origen.
Para finalizar, conviene retomar a Armando Ribas en su alocución sobre el concepto de justicia en David Hume y su relación con el de la propiedad en John Locke (1997:86-87):
En su Tratado sobre la naturaleza humana Hume estableció que las condiciones de la justicia eran la estabilidad en la posesión de la propiedad, la transferencia de la propiedad por consenso y la obligatoriedad de las promesas. [...] Es por ello que, como bien señalara Locke, sin propiedad no hay justicia pues aquélla es el arbitrio necesario para la estabilidad de las relaciones sociales frente al exceso de las apetencias sobre los bienes.
Bibliografía
Ribas, A. (1997) .Propiedad, fuente de libertad. Editorial Fundación república para una nueva generación
Wolovelsky, E. (2020). Obediencia imposible: la trampa de la autoridad. Editorial Libros del zorzal
Larrain, L., Hurtado, J., Ramirez, P. (1995) Ecología de mercado. Editorial Trineo S.A.
Arenas Torres, P., Cámara de la Fuente, M., & Chamorro Rufiano, E. (2001). Liberalismo económico y medio ambiente. Boletín Económico De ICE (Serie histórica), 1(2683).
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