Arte y política como ansias de dominar
El arte se desbroza en plenitud en el hoy, despeja nuestra visión de los artefactos que la nublan por un instante. En primera instancia, es arte el que no pretende cambiar el mundo. El fin —como proceso acabado de una cosa—muchas veces es no pretendido, cuya espontaneidad se nutre de lo rutinario y extraño en simultáneo. El arte, en su manufactura de la naturaleza, busca nuevos senderos que transitar a los sentidos, fatigados o indiferentes a la contingencia, propia de los cauces en que converge y discurre la política. Un arte en pos de un fin político no sería arte en el sentido figurado, ya que la libertad sería delimitada por una presumida, noble y apolinaria causa—presentada como subsidiaria del bien común o algún credo universalista del bien— . Pero somos de carne y hueso, y estamos atravesados por vivencias personales, por lo que no deja de ser cierto, que es imposible ignorar elementos políticos, latentes. En este sentido, es oportuno recordar que se hace arte con ma...