Mentalidad corporativista y especialismo profesional

 ¿Quién puede negar, sin arriesgarse a pasar por ciego, que la atomización del saber sólo puede generar hombres fragmentados? [...] De lo minúsculo se ha hecho un universo y del universo, algo minúsculo".

Kovadloff, S. La nueva ignorancia (2001:186)



Egidio Mazzei en Qué es la medicina (1968) nos advierte del peligro potencial del profesional médico de recaer en el especialismo como degeneración de una excesiva especialización sin evaluar el aspecto general del paciente, por ello, considera relevante:


Evitar el especialismo, el ultraespecialismo y la especialización por fragmentación. La única especialización es por superposición. El médico debe ser fundamentalmente médico, y después especializado. (1968: 46)


En este sentido, la innovación tecnológica y los nuevos métodos de tratamiento se entrelazan en una nueva configuración de la práctica profesional:


El creciente desarrollo de la medicina y sus técnicas ha hecho que un solo hombre no pueda tener bajo su dominio todos sus campos y ha multiplicado en este siglo XX las especializaciones. (1968:68)


La especialización es parte ínsita e imprescindible del proceso evolutivo de la civilización, pues, es en los detalles donde apreciamos los diversos matices de la realidad:


La especialización es necesaria, frente a los adelantos y complejidad de las técnicas y ha contribuido al progreso de la medicina. Tiene peligros cuando se la disgrega o cuando se la hace por fragmentación, cuando pierde el sentido de la unidad y la vista de conjunto. (1968: 69)


Asimismo, es menester considerar las siguientes palabras, aplicable a todas las ramas de las ciencias:


Jorge Orgaz ha aclarado que "la especialización auténtica no es ni puede ser momento inicial del conocimiento de la técnica; sólo es y puede ser etapa de arribo y no para detenerse, sino para cavar la profundidad de los problemas"(1968:70) [...]


La especialización restringida ha desarticulado, la responsabilidad médica. En la actualidad es una de las causas más frecuentes de errores de diagnóstico" [Romer en Mazzei (1968:71)]


Por corporación entendemos aquí lo que Eguski Urteaga en su artículo Sociología de las profesiones define como "todo lo que se transforme en un grupo definido y organizado, es decir una institución pública sustentada en una dimensión moral del derecho al trabajo". (2003: 172)


La primer perspectiva de la sociología en torno al grupo profesional, el funcionalismo, se centra en la función y el rol, configurando seis características que dan su forma: 1) ser ejercida a tiempo completo; 2) tener reglas de actividad; 3) tener una formación de escuelas especializadas; 4) comprender organizaciones profesionales; 5) tener una protección legal del monopolio y 6) establecer un código deontológico. (2003:175-176)


Por su parte, la teoría interaccionista de los grupos profesionales se centra en los principios de interacción y biografía. El trabajo en sí es visto bajo el prisma subjetivo del profesional que asigna valores de las conductas, como resultado de los vínculos con los otros. En otras palabras, la actividad profesional es núcleo medular del ciclo vital de una persona que comporta un sentido, una cultura y una filosofía de vida, la cual es construida dicha concepción con sus pares a lo largo de una trayectoria o carrera.


Para el funcionalismo, lo preponderante en los grupos profesionales es la estructura oficial/legalista de la instituciones; para el interaccionismo lo sustancial está en la relación entre diversos actores que moldean una cultura, una cosmovisión relativamente unificadora en que se otorga y valoriza sentido unos a otros dentro de un grupo, dando lugar en concreto a pautas de acción, cuyos elementos centrales son el orden negociado, las reglas informales y la negociación permanente.


Por último, para la corriente weberiana: "lo que está en juego en la organización de las comunidades, en sus relaciones de poder y de legitimidad, es la monopolización de las vías de saludo" (2003:181-182). Por lo tanto, el motor final de las acciones es el prestigio, el status de cada cada actividad, siendo la burocratización la expresión de todos los órdenes de organización que impregna tanto el sector privado como el público.


El desarrollo de la burocratización se explica: por la competencia en el mercado que conduce poco a poco al monopolio; por la racionalización general de la vida social que da lugar a organizaciones cada vez más potentes que adoptan la legitimidad legal-racional como principio dominante de funcionamiento; por la interpenetración creciente de las esferas económicas, políticas y sociales que favorece la difusión de un mismo modelo de racionalidad y de organización que acaba por imponer la figura del experto profesional quien saca su competencia de los diplomas y de su lealtad burocrática.(2003:182)


Pero lo interesante bajo esta descripción estriba en analizar qué es lo que otorga exclusividad en el campo profesional a una disciplina. Para ilustrar este punto veamos los distintos avatares por el paso del tiempo en el caso de la jurisdicción profesional de los "problemas personales":


Primero fue asunto de los clérigos gracias a oraciones, prescripciones éticas y ritos religiosos. Poco a poco, los neurólogos crean la categoría de «trastorno nervioso» donde la histeria constituye la explicación universal de los trastornos del comportamiento. Estos especialistas establecen listas de causas y de tratamientos pero caen rápidamente en estructuras y en dogmas intangibles. Con el tiempo, los psiquiatras se imponen en las instituciones avanzando una teoría de la prevención. A partir de 1910-1920, serán reemplazados por los psicoanalistas que tratan las neurosis psíquicas a través de la psicoterapia.(2003: 184)


De modo general, podemos decir que la profesión no puede disociarse del contexto histórico, al margen de los valores con los cuales opera y sus rituales característicos asentados que conforman el distintivo social. Su pervivencia puede objetivamente bien deberse a su contribución al bienestar social, como así también, de su cohesión interna en tanto profesionales agremiados.


Digamos que otro elemento a pasar por el tamiz del análisis es la tendencia a lo estático de cada profesión en un mundo altamente cambiante; ¿no estaremos situados en un punto crítico de la historia en lo que compete a la realización profesional? ¿no se tratará de una revolución silenciosa, no por las armas o la coacción que mane del poder, sino de algo tan imperceptible y ubicuo que la hace imposible captar en el lente de una cámara?:


Cada profesión es a la vez orden y desorden. En efecto, si la profesión cambia cada vez más con la desregulación de la economía y la mundialización de la cultura, el cambio es parcialmente gestionado por la profesión que dispone de una capacidad de adaptación. No hay que olvidar que la profesión es una entidad relativamente integrada de elementos; una estructura bastante estable y permanente; que cada elemento del sistema contribuye parcialmente al mantenimiento del sistema; que toda estructura está basada en parte sobre el consenso de sus miembros alrededor de valores fundamentales. En este sentido, los valores interiorizados por los actores son contrapesos eficaces a las rupturas. (2003:194)


Max Weber describe cómo la evolución de la técnica ha forjado a la actual organización burocrática, parte fundamental de la división social del trabajo y la especialización profesional en múltiples ámbitos. Es decir, se trata de una nueva forma de pensar y de sentir la realización humana; "la burocracia se singulariza por una mayor acentuación de su carácter irrevocable" (2008:141). Y digámoslo sin tapujos por más que suene tautológico: y es irrevocable por la rúbrica social de la especialización y la instrucción racional y técnica, rasgos distintivos del mérito cum laude, esto es, el aval por medio de certificación estatal —que, a su vez, condiciona y jerarquiza los criterios concernientes a recompensas de los centros de formación—:


Universidades, escuelas técnicas, escuelas superiores de comercio, escuelas profesionales, academias militares, escuelas de especialización de toda clase (¡incluso escuelas de periodismo!);el examen especializado como requisito para acceder a todos los cargos públicos y privados lucrativos y, sobre todo, «seguros» [...] Sabido es que ésta era ya antes la verdadera «reivindincación del día», sustentada por el interés de las escuelas superiores en tener cada vez más alumnos y por la avidez de prebendas de éstos; en el Estado y fuera de él.(2008:141)


Asimismo, el sociológo alemán nos trae lo novedoso de la técnica burocrática: a diferencia de lo que pasaba en civilizaciones antiguas como en China, Egipto, Roma o Bizancio, las funciones estatales eran más simples, al carecer de todo el andamiaje técnico-jurídico se sustentaban en una tradición oral, de modo que lo familiar estaba asociado al poder central sin necesidad de una maraña de disposiciones y regulaciones circunscritas bajó códigos estrictamente racionalizados:


Pero espíritu coagulado es también esa máquina viviente que representa la organización burocrática con su especialización del trabajo profesional, su delimitación de competencias, sus reglamentos y sus relaciones de obediencia jerarquizadas. En unión con la máquina muerta se ha puesto a producir el habitáculo [Gehäuse] de la servidumbre del futuro, en la que quizá un día los seres humanos se verán obligados a entrar, impotentes, como les ocurrió a los fellahs del antiguo Egipto. (2008:151)


Aquí yace la preocupación de Weber por un poder legitimado que nunca deja de estar vinculado a su esquema auto-organizativo burocrático; premonitoriamente ya avizoraba los peligros latentes de este modo de racionalizar el mundo al hablar de "organizaciones profesionales de los gobernados" —inclúyase cualquier forma de agrupación laboral: gremios, sindicatos, colegios profesionales, etc.—.


Un ejemplo concreto de la historia nos lo brinda Timothy Garton Ash al hablar de los regímenes comunistas centro europeos de mediados del siglo XX, en los cuales los factores internos de cada régimen tuvo a la par un vínculo directo con el desarrollo evolucionado de la burocracia casi simultáneo en todo el mundo:


Al fin y al cabo, tras 1914 también fueron característicos de Europa central un estatismo super-burocrático y un legalismo formalista llevados hasta límites insospechados (y a veces declaradamente inhumanos). Ésta es una de las razones por las que encontramos pronósticos exactos, profundos y aterradores de la pesadilla totalitaria, precisamente en las obras de los autores más típicamente centroeuropeos de principios de siglo, en Kafka y en Musil, en Broch y en Roth (1992:205)


El problema se convierte cuando esta máquina de la burocracia emula ser la sociedad, pero es rígida como una máquina, llegando a un punto que tarde o temprano implicará un jaque a la democracia por medio de la coordinación concertada de grupos con disposiciones o intereses afines. De este modo, la burocracia tiende a "elegir" por movimiento y "derecho" propio a sus propios gobernantes, alegando ser los representantes del bienestar general. Todo esto, claro, aprovechando que el cargo del político de carne y hueso es revocable, siendo la diferencia entre político y funcionario no tanto en las funciones que realizan, sino en el modo que tienen de desarrollar su responsabilidad cada uno: el funcionario debe acatar, obedecer; el político manda, ordena. El funcionario-burócrata no tiene acción en sentido de iniciativa , sino instintivo gregario reactivo.


En consecuencia, el peligro es siempre al menos latente, ya que la organización burocrática moldea subjetivamente a los individuos en sinergia generándose estructuras, siendo las ataduras del individuo al grupo reforzadas por el funcionamiento de la burocracia. En sintonía con lo anterior, Friedrich Von Hayek en Derecho, legislación y libertad nos perfila a su modo este peligro de la burocratización de la vida:


la decadencia de la comprensión del modo de funcionar del orden de mercado es el hecho de que una proporción cada vez mayor de ciudadanos trabaje en grandes organizaciones y tenga un horizonte intelectual limitado a lo que la estructura interna de las mismas de ellos demanda. Mientras que el campesino y el artesano independientes, el comerciante y el jornalero, estaban familiarizados con el mercado —aunque no comprendieran su fundamento— aceptaban su dictados como cosa natural, el desarrollo de las grandes empresas y de las grandes burocracias administrativas, ha hecho que sectores cada vez más amplios de la población dediquen toda su vida laboral a las grandes organizaciones y tiendan a pensar únicamente a la luz de las exigencias del tipo de vida circunscrito a las mismas (2014:209).


Pasando del orden psicológico a la dinámica socio-política, tenemos que la busca de prebendas y subsidios por la acción concertada de ciertos grupos siempre alegarán una "restitución por una injusticia" plasmada en un reclamo de un sector en detrimento de otros, que, siempre adoptará la forma, tarde o temprano, de la "justicia social". Desde el mostrador del Estado se erige éste así mismo como árbitro e interlocutor imparcial de los intereses colectivos organizados (cámaras empresariales, sindicatos, asociaciones civiles de distinto raigambre, organizaciones sociales, etc.) buscando converger el tejido social en una "progresiva organización colectiva de todos los ‘intereses"(2014:199).


Retomando y en similitud con lo expresado previamente por Weber, Hayek afirma: "la lealtad a grupos concretos, tales como la profesión, la clase, la nación, la raza o la religión, sigue siendo el mayor obstáculo a la universal aplicación de las normas de recto comportamiento" (2014:205)


Matizando un poco lo descrito arriba, el autor austríaco aclara que no debemos perder de vista que la asociación voluntaria es lo que dinamiza y genera riqueza y prosperidad, por lo que dicha asociación siempre debe ser entendida como un medio transitorio para conseguir un fin determinado o, de mínima, pasible de reformas en relación a un contexto que la trasciende. Las asociaciones voluntarias como tal, deben exceder las fronteras nacionales para deslindarse lo máximo posible de las funciones burocráticas de un Estado, sin caer por ello en la ingenua creencia a rajatabla de la transparencia y ecuanimidad de asociaciones u organismos transnacionales.


Hayek refuerza su argumento en su obra Sindicatos, ¿para qué? advirtiendo del creciente poder de los sindicatos y del peligro que supone para la economía no limitar su poder:


El reconocimiento del derecho del trabajador a participar, sólo por serlo, en el reparto de los beneficios de la empresa, con independencia de cuál sea su contribución al capital, lo convierte en copropietario de esa empresa [...] El resultado sería, simplemente, que un grupo cerrado de trabajadores se atrincheraría como nuevo propietario de cada empresa y procedería a obtener cuantos beneficios pudiese de la propiedad de la que se habría apoderado (2009:36)


Y esto viene dado, como se ha mencionado previamente, a un tipo de mentalidad condicionada por un ambiente laboral donde los mecanismos de mercado no son lo suficientemente explícitos o "visibles" a primera vista:


Cuando predominaban en la sociedad y formaban la opinión los artesanos, comerciantes e industriales independientes, su conocimiento cotidiano del mercado les enseñaba sus reglas y se aceptaban en general las normas comerciales que desarrolló. Pero entre los empleados de las grandes organizaciones, que tienen poco conocimiento del mercado, y para quienes es en gran parte incomprensible el papel de los precios como señales esenciales, han reaparecido los antiguos sentimientos de moral y justicia. Hoy hay un clamor por la «justicia» visible. (2009:78)


A mayor poder coactivo de los sindicatos, menos libertad individual, de esta manera el autor austríaco nos recuerda que libertad de asociación significa libertad de decidir, práctica cuasi-extinta con la conformación de los sindicatos actuales donde la afiliación resulta requisito fundamental en la admisión de prestación de ciertos servicios y beneficios para los trabajadores de tales ramas. Es más, cuando logran su cometido de firmar una paritaria por encima de la inflación para su clientela cautiva lo que generan a nivel macro económico es una serie de consecuencias no perceptibles de inmediato como lo es el gradual aumento del desempleo aunado a caída de salarios reales.


Para Schumpeter en Capitalismo, socialismo y democracia la lógica racional del costo-beneficio característica del funcionamiento de la libre empresa puede verse afectada, cuando poco a poco prende en las mentes de una sociedad el acostumbramiento, al dar por hecho la inventiva incesante como moneda corriente. Esta otra paradoja perceptiva puede conllevar a la vileza, al oportunismo y poner a entre dicho las normas que son el cimiento de la propiedad privada. Esto es importante, porque el posible derrumbe del capitalismo se explica más por factores psicológicos que por argumentaciones de índole económica.

Lo que sucede, es que al burocratizarse los sistemas de gestión empresarial tenemos como consecuencia el ver al trabajo como simple transacción de un servicio y no como motor de la civilización entera; cabe agregar, tampoco se es consciente de la labor extraordinaria que se debió atravesar para llegar a la existencia de las grandes empresas:


el progreso económico tiende a despersonalizarse y a automatizarse. El trabajo de oficina y de comisión tiende a reemplazar a la acción individual [...] El trabajo racionalizado y especializado de oficina termina por borrar la personalidad, el resultado calculable sustituye a la "visión". El caudillo no tiene ya la oportunidad de lanzarse al combate. Está en vías de convertirse en otro empleado de oficina más (1996: 183)


Como vemos, aquí se da brío al origen de la mentalidad corporativista: ante la uniformidad del pensamiento del modo de producción fabril por la cantidad de empleados, debe sumarse este nuevo hombre económico . De este modo, la actividad administrativista-gerencialista induce una óptica del mundo que se divorcia también y a su manera de lo audaz y emprendedor; el sentido de pertenencia y realización de la labor es impersonal. A fin de cuentas, nadie se siente propietario trabajando en ciclópeas organizaciones multinacionales (claro que incluimos de sus estructuras a los órganos ejecutivos, sus gerentes y los respectivos accionistas).


Por consiguiente, no existe sentido de realización del trabajo al no percibirse el proceso total de creación de un producto, ni tampoco es imaginable una visión que pueda ser escuchada del proceso evolutivo empresarial en su contexto ampliado. En este esquema de actuación, el individuo tiende a abocarse a su función designada y no mucho más.


Un grupo que buscará explotar estas zozobras de los cimientos del orden capitalista serán el de los llamados intelectuales con predilección a la estatización de la vida, cuyo objeto será "desarrollar una atmósfera tal [...] que haya grupos que estén interesados en estimular y organizar el resentimiento, en alimentarlo, hacerse intérpretes del mismo y conducirlo" (1996: 198)


El intelectual1 se hace portavoz de grupos inarticulados para aglutinar y reunir propósitos diversos en una misma causa. Un intelectual puede surgir de cualquier estrato social, pero es evidente que existe un vínculo entre intelectuales y profesiones liberales (médicos, abogados, periodistas, etc.).


En su obrar, el intelectual se nutre de la crítica en la discusión pública que facilita generosamente la sociedad del capital, y no puede parar de criticar, porque vive de ello. Debemos considerar, a este respecto, tres fenómenos vinculados al característico estado negativo de consciencia común a todo intelectual:

1) A mayor oferta de la educación superior, mayor será la oferta de servicios de las profesiones de "cuello blanco"2, por lo que eventualmente se podría saturar el mercado laboral en ciertas disciplinas.

2) Estén desempleados o no los intelectuales, su constante aumento, naturalmente, hacen decrecer el valor real del salario que perciben, lo que puede derivar en que tenga que realizar trabajos menos cualificados.

3) El desempleo de los intelectuales puede constituir un tipo singular de desempleado, siendo poco empleable en trabajos manuales. 


En suma, estos elementos de la fenomenología del intelectual entrega y comporta una "situación espiritual de descontento" que impregna la sociedad. Por supuesto, la hostilidad del intelectual aumenta con cada progreso en la innovación capitalista.


Es poco frecuente que el intelectual se transforme en político o elija ser cara visible de un proyecto político, por lo general, escriben panfletos y discursos, son secretarios y asesores, además de crear la reputación periodística de personalidades de la agenda pública. Al mismo tiempo, a este modo de accionar se lo protege con un armazón efectuando un "código moral" en el que se resguardan ellos mismos —y sus intereses— de múltiples contingencias.


Otra representación cabal de la mentalidad corporativista y resultante de este ambiente hostil al sistema capitalista, nos lo ofrece Ortega y Gasset con la figura del "señorito satisfecho", aquellos individuos que, al ganar dinero no lo hacen tanto para ahorrar e invertir a largo plazo, sino que se inclinan al consumo cortoplacista3.


Desde el aspecto léxico-terminológico, aclara Schumpeter que si bien desde el lado económico y al ver cómo surgen nuevos productos y métodos de producción es lógico hablar de "destrucción", desde el punto de vista institucional sería más pertinente referirnos al término "transformación", ya que se presentan avances y y retrocesos tendientes más o menos en una determinada dirección de los acontecimientos. —lo sustancial del poder público en cuanto a modificación de leyes, decretos reglamentarios, etc.—. Esto que puede ser una nota de color, no lo es, menos cuando desde los medios de comunicación se generan encuadres mentales a modo de etiquetas o rótulos que buscan direccionar la opinión pública4.


Profundizando en los aspectos inherentes de una conciencia que es anti-histórica, para Ortega y Gasset "masa es el «hombre medio» [...] es el hombre en cuanto no se diferencia de otros hombres, sino que repite en sí un ser genérico" (1985: 44)

Al tratarse de un fenómeno, en esencia, cualitativo, lo cuantitativo se limita a su forma de expresión eventual; hablamos de una clase específica de hombre, no de una clase social como principal fundamento de una forma de ser. Entonces ¿Qué es lo característico del siglo XX? Son las masas que buscan ocupar el lugar de las minoría selectas, en tanto y en cuanto éstas hayan alcanzado la cúspide de la pirámide social más por mérito que por tradición: "La masa arrolla todo lo diferente, egregio, individual, calificado y selecto. Quien no sea como todo el mundo [...]corre el riesgo de ser eliminado" (1985:48).


En sintonía con Schumpeter, el filósofo español considera la posibilidad de que la civilización caiga en Occidente a raíz de una expansión de la molicie como estilo de vida, siendo la seguridad ponderada como máximo baluarte de la vida haciendo que la iniciativa individual se vaya poco a poco diluyendo:


Lo que antes se hubiera considerado como un beneficio de la suerte que inspiraba humilde gratitud hacia el destino, se convirtió en un derecho que no se agradece, sino que se exige. Desde 1900 comienza el obrero a ampliar y asegurar su vida. (1985: 79)


Fue así como desde el siglo XIX tanto los principios de la democracia liberal, la experimentación científica y el industrialismo ensancharon el horizonte de posibilidades existenciales; asistimos al fenómeno de que la elevación del nivel de vida no es excluyente de la mayor cantidad de hombres-masa, sino que uno y otro fenómeno se corresponden en cortes temporales donde se podrían ver las continuidades y discontinuidades del proceso histórico, al margen de quien ocupe circunstancialmente el sillón presidencial.


Acerca del sindicalismo y fascismo, Ortega y Gasset comenta:


Aparece en Europa por primera vez un tipo de hombre que no quiere dar razones ni quiere tener razón, sino que, sencillamente, se muestra resuelto a imponer sus opiniones. He aquí lo nuevo: el derecho a no tener razón, la razón de la sinrazón. (1985:94)

 [...]

Por eso, lo «nuevo» es en Europa «acabar con las discusiones», y se detesta toda forma de convivencia que por sí misma implique acatamiento de normas objetivas, desde la conversación hasta el Parlamento, pasando por la ciencia. Esto quiere decir que se renuncia a la convivencia de cultura, que es una convivencia bajo normas, y se retrocede a una convivencia bárbara (Íbid:95)


Estos arrebatos propios de las histerias de masas nos lo ofrece en repertorio un buen repaso por la historia Argentina: golpes de Estado a través de intrigas palaciegas, caos fogoneado con saqueos desbandados cuyos piratas del asfalto campan a sus anchas, direccionado «desde arriba» y alentado «desde abajo», pasando por declaraciones de rechazo al pago de deuda externa como método de demagogia en una país que se engulle a sí mismo5.


En suma, debemos comprender que todos podemos ser hombres-masa en diferentes circunstancias, independientemente de la posición económica o status social alcanzado6; por ello, necesitamos saber y conocer la historia a fondo para no volver a cometer errores del pasado. Y ser probos y honestos, en no menor medida.


Sobre el especialista en ciencia de su época, nos realiza Ortega y Gasset el siguiente retrato:


"El especialista «sabe» muy bien su mínimo rincón de universo; pero ignora de raíz todo el resto [...] el especialista no es un sabio, porque ignora formalmente cuanto no entra en su especialidad; pero tampoco es un ignorante, porque conoce muy bien su porción de universo" (1985:127)


En este sentido, el hombre de ciencia, se asemeja al hombre-masa que acude a la muchedumbre sin ningún tipo de instrucción indispensable para comprender más allá de lo que ocurre en su ámbito cotidiano.


Tenemos así, que la burocracia —y la especialización profesional devenida en especialismo como forma degradada—en tanto entendida como organización reglada por normas que entrelaza conocimiento, cosmovisión y experiencia de la vida cotidiana en su sentido amplio, tiene el potencial de acción como para que la democracia deje de ser valorada al considerársela de facto como obra de la naturaleza y no de la civilización humana.


Al respecto y para cerrar la nota, convendría repasar las declaraciones de Juan José Sebreli al analizar porqué durante el más de medio siglo que transcurrió entre 1930 y 1983 ha sido misión infructuosa la consolidación democrática:


radicalismo y peronismo han sido corresponsables, junto al militarismo [...] de la inexistencia de democracia durante más de medio siglo. No fueron, sin embargo, los únicos responsables, tampoco la universidad, los medios periodísticos, los sindicatos, las organizaciones empresariales, salvo en algunos breves períodos y con excepción de casos aislados, contribuyeron a la formación de una ciudadanía consciente. Estas instituciones estuvieron sujetas a los avatares de la ilegitimidad del poder, a la censura, a la persecución y, casi siempre, también al oportunismo y a la defensa de los intereses particulares de sus integrantes. (2003:405)


Como comentario final, debemos tener presente también que si bien estas instituciones han jugado predominante un rol negativo en el funcionamiento de los países en las últimas décadas, más bien, se podría argüir que el Zeitgeist (espíritu de época) juega un rol sustancial en la interpretación de cómo marchan las cosas, de lo contrario no podríamos entender el rol que jugaron sindicatos, empresarios, intelectuales y asociaciones de la sociedad civil en la Europa del Este (Polonia, Checoslovaquia, Hungría principalmente) para liberarse del yugo de la URSS a fines de 1980´s.

Intenté exponer de modo manifiesto que el hiper-especialismo y la burocracia paquidérmica ineluctablemente son un peligro latente tanto para la democracia como para el sistema de libre empresa, resalto esto porque es un tópico poco abordado para el grueso importante de la población y que ni se rastrea siquiera en la agenda de la propaganda. ¿No será justamente porque la mitad o más vive directa o indirectamente de la burocracia o el esquema profesional? Pero que se debata ciertos temas y otros no, nos excede en buena medida. 

Lo que sí podemos hacer es, con perspicacia, es bajar el nivel de abstracción del debate, esto es, no expiar todas las culpas al político o al burócrata de turno y centrar el intercambio de ideas al nivel de las organizaciones que sustentan a los directivos que va a contramano de la civilización, de la democracia y de la concordia natural entre seres humanos.   


Notas

1 Intelectual entendido como aquel que adquiere ganancias al opinar de materias ajenas a su campo formativo de origen

2 Si bien es cierto que contadores, abogados, relacionistas públicos y de RRHH (por citar sólo algunos) dentro de sus funciones esenciales encontramos elaborar estrategias para resolver problemas como así también la toma de decisiones; esto no tiene punto en común, en general, con una iniciativa comercial autónoma en su vida privada en sentido estricto, al margen de si trabaja para sector público o privado.

3 Ejemplo-paradoja: jóvenes de Palermo adoptan una cosmovisión del mundo contraria de aquella que le ha provisto de todos los bienes y servicios que consumen con fino deleite y del que disfrutan con apetito infinito; es el consumidor nato que no es productor, de allí que Ortega y Gasset hable de "el señorito satisfecho" y la "psicología del niño mimado". 

4 Ejemplo, imaginemos el copete de una noticia: "el ajuste generó la disminución del empleo en el sector manufacturas, lo que repercutió en un 20% de destrucción de empleos". El sentido de las palabras es volátil en función del contexto, de allí la posibilidad del doble filo; las palabras "ajuste" y destrucción" marcan compás del ritmo y son instrumentos útiles al proclamado intelectual estatizante. Después, está el uso de neologismos altisonantes pero efectivos, como "neoliberalismo", favoritos de los intelectuales latinoamericanos de las últimas décadas.

5 En el campo de la ciencia, hemos visto este rechazo al debate por parte de epidemiólogos pro-cuarentena frente a la petición de debate por parte de médicos disidentes, lo cual es una aberración al ejercicio deontológico profesional.

6 Para los tiempos que corren podríamos hablar largamente acerca de las etiquetas a determinadas etnias y religiones; después de todo, lo irracional se encuadra más (o es más palpable) en lo cualitativo que en lo cuantitativo.

Bibliografía

  • Mazzei, E. (1968). Qué es la medicina. Editorial Columbia

  • Urteaga, E. (2011). Sociología de las profesiones: una teoría de la complejidad. Lan Harremanak - Revista De Relaciones Laborales, (18). https://doi.org/10.1387/lan-harremanak.2812

  • Weber, M (2008) [1917-1918]). Parlamento y gobierno en una Alemania reorganizada. En Escritos políticos. Editorial Alianza.

  • Garton Ash, T. (1992) Los frutos de la adversidad. Editorial Planeta

  • Hayek, F,V. (2014) Derecho legislación y libertad. Unión Editorial

  • Hayek, F.V. (2009) Sindicatos, ¿para qué?. Unión Editorial

  • Schumpeter, J. (1996) Capitalismo, socialismo y democracia. Editorial Folio.

  • Ortega y Gasset, J. (1985). La rebelión de las masas (1.ª ed.). Editorial Planeta-Agostini

  • Sebreli, J.J. (2003). Crítica de las ideas políticas argentinas(5.ª ed.). Editorial Sudamericana.


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