Del ridículo argumento de la desigualdad
Si un intendente decidiera crear un centro comercial para generar nuevos empleos sería algo beneficioso para la población (sería más deseable en lugar de engrosar la plantilla de empleados públicos para que simplemente respondan a su poder o mantener las salas de juego para usufructuar con la ludopatía de gente pobre) Si desde un punto de vista geográfico distante dentro del municipio respecto del shopping, algunos podrían decir, siguiendo la lógica populista: “se está aumentando la desigualdad en un barrio específico en detrimento de otros” (sic)
Lo mismo aplica cuando se comenta con fuga de capitales, adquiriendo este último término un carácter de pecado . La realidad, es que lo mejor que le puede pasar a la sociedad en su conjunto cuando un empresario se siente atosigado por el Estado —vía fuerte carga tributaria, regulaciones abstrusas inter-jurisdiccionales, cuotas a la importación de insumos para producción, etc.— es que éste decida colocar su capital lejos del apetito voraz del burócrata que crece como Estado elefantiásico.
Más aún, diría que los máximos beneficiados son los más pobres, ya que se resguarda el valor activo del capital para cuando el empresario considere el momento oportuno para invertir y generar empleos, además de generar más ingresos a los empleados asentados.
¿A qué nos remite “fuga”? ¿a la fuga de presos de una correccional de la policía? Seamos claros:
Hablar de “Fuga de capitales” en el ámbito financiero es tan ignorante y ridículo como hablar de “Fuga de talentos” en el ámbito deportivo; a nadie en su sano juicio se le ocurriría objetar la decisión de Lionel Messi y el plantel argentino campeón del mundial 2022 de haberse ido de adolescentes a desarrollar su carrera al exterior. Lo mismo ocurre con cientos de deportistas, que, como si fuese una decisión fácil de adoptar como individuos, lo hacen porque creen hacer lo mejor para su carrera. Pero, llamativamente, no se habla de paraísos futboleros.
Ahora, ¿Qué tipo de disonancia cognitiva hace que muchas personas internalicen esto distinguiendo entre, digamos, una libre movilidad de persona "buena" y una libre movilidad “mala” de capitales cuando aludimos al activo financiero?
No existe tal disociación; el capital físico (técnica, laboriosidad) es capital humano (mente, creatividad). El capital físico es un valor ponderado —dinero es medio de intercambio—, mensurable por la intersubjetividad; el capital humano es subjetivo—entran cualquiera conocimiento, habilidades emocionales y todo el espectro de lo singularizable—; ésta es la única diferencia que entraña ambos tipos de capital (que fácticamente, a fin de cuentas, estamos hablando de lo mismo, cuyo valor se extrae de procesos mentales). El capital no es más que el conocimiento disperso en la sociedad por obra de individuos y que comporta una dimensión intertemporal en la que el beneficiado no es sólo el “portador” original en su momento primigenio, sino quienes estarán en contacto con él mismo de manera postrera. Así como un futbolista que regresa de Europa puede enseñar estrategias para resguardar el dinero a un novato compañero que recién comienza en el futbol profesional; un empresario capitalista con experiencia puede aconsejar a un nuevo emprendedor durante sus intercambios comerciales.
Todos formamos parte del mismo juego; los compartimentos estancos son para mentes estrechas.
No caer en la fábula de charlatanes que dividen a la sociedad en buenos y malos es un buen punto de partida para un debate racional, siempre y cuando tengamos la disposición de hablarnos con honestidad, procurando usar términos que evadan el señuelo idealizado de terminologías abstractas para cuestiones concretas.
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