Covid-19 en Argentina: Estado sobre-protector coludido con estamento médico
"Y por lo que respecta a la ciencia como tal, nuestra ciencia...sí, ¿qué significado tendría en general, vista como síntoma de la vida, toda la ciencia? ¿Para qué, o peor aún, de dónde procede, toda ciencia? ¿Cómo? ¿Acaso el cientificismo no es otra cosa que miedo, una huida del pesimismo, un sutil modo de defenderse de...la verdad..?"
Nietzsche
"El Estado te cuida", se lee en los carteles de propaganda.
El Estado no está para cuidarnos. El Estado se creó para asegurar una serie de
prerrogativas que son la garantía de derechos y el cumplimiento de obligaciones
por parte de los ciudadanos al Estado, esto es, la parte dogmática de la Constitución.
Los cuidados los suministran unos individuos a otros en el marco de una asistencia sanitaria. No son función directa del Estado. En la coyuntura de esta crisis global lo que llaman "cuidado", no es más que el camuflaje de un vil acto flagrante de derechos básicos como la libertad de circulación, esbozada en el artículo 14; eufemismo que enmascara un avasallamiento progresivo sobre el individuo.
El Estado no está para cuidarnos, porque tampoco es factible.
Basta ver la ridícula idea del jefe de gobierno de la ciudad de Buenos Aires, Horacio Rodríguez Larreta, el llamado de voluntarios para que hagan los trámites y compras a personas de edad avanzada, programa denominado, como no podía ser de otra manera, "mayores cuidados"(1). Es decir, el Estado se encarga de tomar aire por los ciudadanos.
El problema es que el temor inducido no tiene límites, suministra vértigo. El miedo es proporcional a la sobre-protección. Se refuerzan entre sí.
No hay ninguna épica en recluirse, en huir de la realidad.
Ejerciendo nuestros derechos es como se controla al gobierno. La libertad de acción individual es la mejor barrera institucional porque es tangible, inmediata e imprevisible contra el despotismo estatal.
En palabras de Ayn Rand: "Un derecho es un principio moral que define y confirma la libertad de acción de un hombre en un contexto social. Sólo existe un derecho fundamental, todos los demás son su consecuencia o sus corolarios: el derecho de un hombre a su propia vida"(2).Ergo, no hay posibilidad de subsistencia sin libertad plena. Como no hay condición humana sin cooperación social.
Los grandes problemas, los más complejos, se solucionan con varias medidas, no con una sola.
"Los especialistas dicen", se escucha.
¿Cuáles especialistas? ¿Los que asesoran al gobierno? ¿Todos los médicos evalúan un problema de la misma manera?
Independientemente de ello, la realidad es compleja y requiere un abordaje interdisciplinar en un tema como éste, porque todos las ámbitos del accionar humano quedan involucrados.
Enfoque holístico y no la monopolización del saber sobre la realidad en una disciplina.
Debemos señalar que los médicos también responden, por un lado, a sus respectivos intereses profesionales y, por otro, influyen en hacia las bases, esto es, la situación de los trabajadores que intervienen en casos directos; el pedido a la cúspide representativa de la corporación medica será solo uno: que no haya saturación del sistema sanitario e insumos, con lógica ¿El resto? En nebulosa, pero restrictiva por si acaso.
Los cuidados los suministran unos individuos a otros en el marco de una asistencia sanitaria. No son función directa del Estado. En la coyuntura de esta crisis global lo que llaman "cuidado", no es más que el camuflaje de un vil acto flagrante de derechos básicos como la libertad de circulación, esbozada en el artículo 14; eufemismo que enmascara un avasallamiento progresivo sobre el individuo.
El Estado no está para cuidarnos, porque tampoco es factible.
Basta ver la ridícula idea del jefe de gobierno de la ciudad de Buenos Aires, Horacio Rodríguez Larreta, el llamado de voluntarios para que hagan los trámites y compras a personas de edad avanzada, programa denominado, como no podía ser de otra manera, "mayores cuidados"(1). Es decir, el Estado se encarga de tomar aire por los ciudadanos.
El problema es que el temor inducido no tiene límites, suministra vértigo. El miedo es proporcional a la sobre-protección. Se refuerzan entre sí.
No hay ninguna épica en recluirse, en huir de la realidad.
Ejerciendo nuestros derechos es como se controla al gobierno. La libertad de acción individual es la mejor barrera institucional porque es tangible, inmediata e imprevisible contra el despotismo estatal.
En palabras de Ayn Rand: "Un derecho es un principio moral que define y confirma la libertad de acción de un hombre en un contexto social. Sólo existe un derecho fundamental, todos los demás son su consecuencia o sus corolarios: el derecho de un hombre a su propia vida"(2).Ergo, no hay posibilidad de subsistencia sin libertad plena. Como no hay condición humana sin cooperación social.
Los grandes problemas, los más complejos, se solucionan con varias medidas, no con una sola.
"Los especialistas dicen", se escucha.
¿Cuáles especialistas? ¿Los que asesoran al gobierno? ¿Todos los médicos evalúan un problema de la misma manera?
Independientemente de ello, la realidad es compleja y requiere un abordaje interdisciplinar en un tema como éste, porque todos las ámbitos del accionar humano quedan involucrados.
Enfoque holístico y no la monopolización del saber sobre la realidad en una disciplina.
Debemos señalar que los médicos también responden, por un lado, a sus respectivos intereses profesionales y, por otro, influyen en hacia las bases, esto es, la situación de los trabajadores que intervienen en casos directos; el pedido a la cúspide representativa de la corporación medica será solo uno: que no haya saturación del sistema sanitario e insumos, con lógica ¿El resto? En nebulosa, pero restrictiva por si acaso.
La cuarentena total quizás haya sido algo efectiva en su primer fase, del 20/3 al 31/3, para ganar tiempo en la concientización y la atención para periodos de contagios exponencial. Pero la consciencia y las medidas preventivas ya están, es innecesaria la parafernalia informativa que emana desde el Estado y sus satélites.
Es hora de que se deje de periclitar la economía de mercado, auto-concurrente por asociaciones voluntarias. El sector privado no necesita de bonos estatales porque a estos los financia el primero, no engañemos con patrañas.
Es hora de que este tema quede atrás como cuestión totalitaria y absorbente de la realidad.
Es hora de que ridículas recomendaciones al estilo de rociar desinfectante a las patas del perro luego de sacarlo a pasear, queden en el pasado.
La verdadera pandemia es el costo de cada intervención del Estado.
Que la espontaneidad de la vida se haga paso.
Referencias:
(1) https://www.buenosaires.gob.ar/laciudad/noticias/coronavirus-la-ciudad-lanza-una-convocatoria-para-colaborar-con-los-adultos
(1) https://www.buenosaires.gob.ar/laciudad/noticias/coronavirus-la-ciudad-lanza-una-convocatoria-para-colaborar-con-los-adultos
(2)Ayn Rand. La virtud del egoísmo. "Derechos del hombre".
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