El sueño de la razón


« La tristeza es impulsiva y expresiva; el optimismo labora en silencio.»


Bajo el estado de vigilia, encontramos varios subniveles en el que el consciente coloca y recoloca las piezas que van cayendo.

Nos sobreviene, así, un recuerdo o pensamiento que optamos bien por: 1) agarrar y abrasar con fulgor entusiasta aquel pensamiento o recuerdo con su correspondida sensación, o, 2) podemos contrastar por medio de un juego dinámico de oposiciones hasta lograr algo indefinido como resultado final; la plena consciencia de la inteligencia (entendida aquí como un estado lúcido, que ilumina aquellos escondrijos inhallables durante el transcurso del día).

Para exponer el punto 2 y que quede más claro, citaré como punto de partida un pensamiento negativo:

—Tal problema de salud lo hubiese evitado de haber hecho tal acción.

Aquí comienza a operar el mecanismo de contraste:

—Bueno, pero el estado de conocimiento particular en que te hallabas te era insuficiente para evitarlo, en realidad.

A lo que vuelve la consciencia sobre sí, ensayando su respuesta desde el lado anímico negativo/emocional:

—....de haber aprovechado mejor el tiempo de manera productiva aprendiendo, lo hubiera evitado, efectivamente.

La respuesta desde lo anímico positivo refuta:

—No, no lo hiciste porque has privilegiado el principio del placer antes que el de la preocupación.

Con esto, podemos lograr captar la importancia capital del tomar consciencia apartándonos de una foto y viendo los juicios posteriores sobre un acto consumado como debe ser: subordinados al principio activo de la razón como proceso del flujo y reflujo del pensar. Expresado en modo coloquial: los hechos no acaban en nuestros pensamientos, son reelaborados por ellos.

Es decir, las sensaciones nos pueden inducir a pensamientos erróneos o inacabados acerca de lo que vivimos; más aún se trata, cuando dichas sensaciones son intensos productos del dolor físico o vaciamiento emocional.

Nótese que en este caso, a la razón como principio (del estado de ánimo positivo, contrastante) jamás reprende al pensamiento o sensación equivocada del cual se parte; no es su intención, ni la tiene. El mero interés de la razón son los hechos concretos, abstrayéndolos de su particularidad hacia una generalidad que nos permita develar la cadena completa de actos concatenados (y en buena proporción solapados entre ellos) hasta el presente.

En suma, el estado de vigilia es una excelente ocasión para tomar un elemento particular en sí, desagregarlo en sus componentes, delimitarlo y afinar la agudeza en la observación, definiendo y escrutando en simultáneo a la razón desde diversos ángulos.

No tener título no nos habilita a ceder dimensiones de nuestra libertad de juicio; todo lo contrario, debemos estimularnos a más cuando menos tenemos por nuestros propios medios.

Resumiendo la idea expuesta y en base a lo que podríamos entender por razón en vigilia, ¿No sería más procedente leer a Hegel antes que una sesión de "psicoterapia"?

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